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ARMONAUTA (NAVEGANTE ESPECIALIZADO): LA TECNOLOGÍA AL SERVICIO DEL SER HUMANO

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Mauricio Echeverri

Si tuviera que señalar un aspecto irrenunciable en la construcción del futuro con inteligencia artificial, diría que es la dignidad integral del ser humana y para hablar de dignidad, necesariamente debemos recordar que el ser humano es mucho más que datos, algoritmos, capacidades cognitivas o productividad.

Desde mi experiencia como Capitán retirado de la Armada Nacional, Abogado, especialista en Derecho Marítimo y en negocios internacionales y digitales, he aprendido que toda herramienta adquiere verdadero valor dependiendo del propósito para el cual es utilizada, la tecnología no es buena ni mala por sí misma, son nuestras decisiones, nuestros principios y nuestra conciencia los que determinan hacia dónde la conducimos.

Por eso, frente al extraordinario desarrollo de la inteligencia artificial, considero fundamental recuperar una concepción integral del ser: la tricotomía del ser : psique, cuerpo y espíritu.

La inteligencia artificial puede ampliar nuestra capacidad intelectual, transformar nuestra manera de trabajar y ayudarnos a resolver problemas que durante siglos parecieron imposibles, puede potenciar nuestra psique, mejorar procesos relacionados con nuestro cuerpo y contribuir a construir sociedades más eficientes, pero existe una dimensión que ningún algoritmo debería pretender sustituir: el espíritu.

El espíritu representa esa dimensión trascendente del ser humano, ese espacio interior donde habitan la conciencia, los valores, la responsabilidad, la moral, la ética, la fe y la búsqueda de sentido, para quienes somos creyentes, allí también se encuentra nuestra relación con Dios, con ese Ser Supremo que da significado a nuestra existencia.

Y aquí encuentro uno de los grandes desafíos de la inteligencia artificial: no podemos permitir que nuestra capacidad de crear máquinas inteligentes termine debilitando nuestra propia humanidad.

Una sociedad puede llegar a ser extraordinariamente avanzada tecnológicamente y al mismo tiempo, profundamente pobre en valores, podemos construir sistemas capaces de procesar millones de datos en segundos, pero ninguna máquina debería decidir por nosotros qué es justo, qué es bueno, qué es digno o qué propósito debe tener nuestra existencia.

La inteligencia artificial debe ser una herramienta para humanizar el progreso, no para deshumanizarlo.

Mi formación militar me enseñó el valor del deber, la disciplina, la responsabilidad y el servicio, mi formación jurídica me enseñó que el poder debe estar sometido a principios y normas, mi experiencia en los negocios internacionales y digitales me ha permitido comprender que la innovación abre enormes oportunidades, pero también genera nuevas responsabilidades.

Hoy considero que debemos agregar una cuarta palabra a ese aprendizaje: conciencia.

El futuro que construyamos con inteligencia artificial debería preguntarse no solamente qué podemos hacer, sin también qué debemos hacer.

Porque no todo lo técnicamente posible es moralmente conveniente, no todo lo eficiente es necesariamente humano, no todo lo innovador representa progreso y no todo lo que podemos automatizar debemos entregárselo a una máquina.

Por eso, para mí, el aspecto irrenunciable es preservar la centralidad y la trascendencia del ser humano, debemos proteger su libertad, su dignidad, su conciencia, su capacidad de amar, de servir, de crear, de equivocarse, de perdonar y, sobre todo, de elegir entre el bien y el mal.

La sostenibilidad del futuro tampoco puede limitarse al cuidado del planeta, debemos hablar de una sostenibilidad integral: sostenible ambientalmente, socialmente, económicamente y sobre todo, espiritualmente.

Porque ¿de qué serviría entregar a las próximas generaciones un planeta tecnológicamente perfecto, si les entregamos seres humanos espiritualmente vacíos?

Creo que el verdadero desafío de nuestra generación no consiste en construir una inteligencia artificial cada vez más parecida al ser humano, sino en lograr que el ser humano no termine comportándose como una máquina.

ARMONAUTA, entonces, no debería significar solamente navegar hacia el futuro utilizando nuevas tecnologías, debería significar aprender a navegar responsablemente entre tecnología, humanidad, naturaleza y trascendencia

El futuro no debería ser simplemente el lugar hacia donde nos lleva la tecnología, debe ser el lugar que conscientemente decidamos construir y en esa construcción, mi convicción personal es clara: podemos desarrollar máquinas cada vez más inteligentes, pero jamás debemos olvidar que detrás de cada algoritmo existe una decisión humana y que, detrás de cada decisión humana, debería existir una conciencia capaz de distinguir entre lo que podemos hacer y lo que debemos hacer, porque la verdadera evolución no será aquella en la que las máquinas alcancen nuestra inteligencia, será aquella en la que nosotros logremos que nuestra inteligencia esté siempre acompañada de ética, nuestra ciencia de conciencia, nuestro poder de responsabilidad y nuestro progreso de espiritualidad.

Ese, en mi concepto, es el gran desafío del ser humano frente a la inteligencia artificial.

Que la tecnología avance, que la humanidad no retroceda y que el espíritu jamás deje de ser el norte de nuestra
navegación hacia el futuro.

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